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Cuenta la leyenda que un fuerte temporal azotaba a un barco en alta mar. En lo alto de la viga mayor, se apareció un Cristo alrededor del cual bailaban ocho danzantes y el de la Porra. Al momento, el temporal amainó y los tripulantes se salvaron por la intervención del Cristo de la Viga. Según la tradición, un villacañero estaba allí y fue el que trajo el culto de este Cristo marinero a Villacañas. Históricamente, la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, tuvo que ver en la difusión de esta devoción. Los caballeros sanjuanistas repoblaron nuestro municipio en el siglo XIII, y seguramente cristianizarían estas danzas y organizarían la cofradía del Santísimo Cristo. De ahí que la nomenclatura de los directivos de la cofradía y sus insignias son militares: Mariscal, que es el Hermano Mayor o Presidente (porta bengala), Capitán (lleva una imagen pequeña del Cristo además de un bastón), Sargento Mayor (porta bastón y estandarte), Abanderado (lleva bandera y bengala).

Desde la Baja Edad Media, un pueblo de La Mancha seca venera a un Cristo marinero, de la misma manera que un pueblo en el que apenas hay árboles se ha convertido en el mayor productor de puertas de madera de España.
Y como todo pueblo tiene su Día Grande, ese día en Villacañas es el 1 de mayo, festividad del Santísimo Cristo de la Viga, declarada de Interés Turístico Regional el 27 de noviembre de 1991.
Más de 500 años de historia

La fiesta viene celebrándose desde hace más de 500 años, organizada por la Cofradía del Santísimo Cristo de la Viga, que ha sabido mantener viva la devoción villacañera por su Cristo de la Viga, y el orgullo de mostrar al mundo una fiesta religiosa y popular marcada por las coloristas danzas de sus Danzantes, que ejecutan ataviados con unos vistosos trajes que sorprenden a quienes los contemplan por primera vez.
Esta danza, que en realidad son varias pues está compuesta de danzas de palos, de castañuelas y de cordón es la más típica y original entre todas las que se celebran en La Mancha toledana.
El ciclo festivo se inicia el 19 de marzo, día de San José, se celebra en la casa del Mariscal de la Cofradía la Puja, de la cual saldrán los 7 Danzantes, el de la Porra, el Alforjero (lleva los palos de la danza en unas alforjas y porta el palo del cordón) y el Maestro, quien dirige la danza y enseña en su casa durante todos los domingos (mañana y tarde) ayudado por los dos mozos de la cofradía.

El día 27 de abril, se reúnen los danzantes en la Plaza del Ayuntamiento donde realizan unos paloteos. Comienza oficialmente la fiesta, se pide permiso al Alcalde para el sorteo de dos corderos engalanados que se pasean por las calles. Es mismo día por la noche los danzantes realizan su primera danza completa en la calle ante la puerta de la casa del Mayordomo de Capitán, quien sostiene en sus manos un cetro con el Cristo de la Viga, al cual hacen una reverencia arrodillados todos los Danzantes, diciéndole a continuación los tradicionales dichos, además de palotear y hacer el cordón. Las noches de los días 28 y 29 se repite la danza pero esta vez en casa del Mayordomo de Abanderado y del Mayordomo de Sargento Mayor, respectivamente.

En esta última danza de por la noche, los danzantes arrancan las cintas del palo del cordón, para indicar que al día siguiente comienza el nuevo ciclo festivo.
El día 30 por la mañana los danzantes y la Cofradía en pleno se dirigen a la ermita de la Virgen de la Concepción, en cuya explanada realizan la danza. Asisten vestidos de pantalón y chaleco oscuro.

Por la tarde cambian la indumentaria y es mucho más vistosa y elegante, destacan las enaguas blancas bordadas que lucen los danzantes, y se dirigen a la Iglesia Parroquial a rezar las Vísperas, para posteriormente, ir recorriendo todo el pueblo para realizar cuatro danzas, en las casas de los hermanos que tienen la Sargentería, la bandera, el Cristo y estandarte, quienes obsequian a danzantes y cofradía con el típico refresco, puñado y rosquillas. Por la noche tiene lugar la Pólvora, donde los danzantes realizan algunos paloteos en el auditorio del Parque de la Glorieta del Prado.

El Día grande: el 1 de mayo

El día del Cristo de la Viga es el 1 de mayo, ningún villacañero por nada del mundo se pierde este día. El traje de los danzantes de este día es muy vistoso, elegante y muy rico en símbolos. Es una verdadera obra de arte. La labor de vestir un danzante es laboriosa y ardua, se tardan más de dos horas y lo hacen manos expertas. El danzante luce su traje con gran respeto y veneración, sabiéndose portador de algo valiosísimo y sagrado, prueba de ello, es que días anteriores, los trajes se exponen en las casa de los danzantes y van a visitarse por amigos y familiares. Las enaguas blancas de la víspera han sido sustituidas por faldillas de terciopelo rojo adornadas con estrellas doradas (del mismo color que lleva el Cristo de la Viga sus faldillas). Va esta faldilla encima de tres enaguas blancas, una de ellas almidonada. Y debajo de ellas los pololos y medias. Las zapatillas son blancas y decoradas con bordados o pinturas de color rojo en el día del Cristo y azules para la víspera, de los mismos colores son las ligas que se ponen en los brazos, que representan los clavos de la Pasión.

El danzante luce una cinta de seda anudada en la cabeza, que representa la corona de espinas. Sobre una camisa blanca se pone una franja roja de tela, llamada faja, y que termina en un lazo, que se coloca según en la fila en la que va el danzante. La pieza más vistosa del traje del danzante es la caída, que es un lazo grande de color blanco que va bordado o pintado con motivos florales y religiosos, ceñido a la cintura y del que salen las cintas de arcos, que cruzan la espalda del danzante.

A las diez de la mañana, los Danzantes recogen a las autoridades en el Ayuntamiento y todos se trasladan a la iglesia parroquial “Nuestra Señora de la Asunción”, para asistir a la Solemne función que se celebra en honor del Santísimo Cristo de la Viga. Al finalizar la Santa Misa y en el interior de la Iglesia los Danzantes ejecutan la danza de palos titulada La Marcha Real ante el Cristo de la Viga.

El de la Porra lleva chaleco y un pantalón corto o calzón de color rojo decorado con estrellas doradas. Pero el elemento más importante que lleva es una efigie barbada, a la que se viste con enaguas blancas la Víspera y rojas el día del Cristo. Tras la ceremonia religiosa del día 1 se ejecutan las tradicionales danzas en el auditorio de la Glorieta del Prado, ante los miles de villacañeros, ausentes y visitantes, que cada 1º de mayo se dan cita en Villacañas.

Allí se recitan los dichos, que son poemas cuyo tema es la Pasión de Cristo, y el de la Porra además dice los chascarrillos, quien de manera jocosa critica a las autoridades civiles y eclesiásticas allí presentes y relata en clave humorística los sucesos más relevantes que han acaecido en ese año en la localidad. Seguidamente se realizan 9 paloteos y después una danza de castañuelas, llamada Valenciana o cuatro esquinas. Después tiene lugar la danza del cordón, para ello el alforjero sujeta un palo de unos tres metros adornado con 8 cintas de colores (el Maestro lleva siempre la cinta blanca). Cada danzante, al compás de la melodía que realizan coge una de ellas y se cruza con el siguiente, haciendo puente. Al terminar, como se han cruzado ya todos los danzantes, queda hecho en el palo un dibujo de la forma de un cordón, quedando cubierto el palo con todas las cintas. Después de esto interviene el de la Porra, que ha estado pidiendo dinero a los asistentes, y estos depositan en una faltriquera de la Porra o efigie que lleva. Va colocando a los danzantes en su posición inicial, pasando del círculo a dos filas en las que empezó la danza, y después realizan la venia, que consiste en que los danzantes se colocan de tal manera que forman una cruz. Y así termina la danza.

Por la tarde se realiza la Procesión, que es una de las más insólitas y emotivas de nuestro país. Los danzantes durante las más de dos horas que dura, están danzando al son de la dulzaina y el tambor y al ritmo de las castañuelas decoradas con madroños, yendo y viniendo múltiples veces por todo el recorrido de la procesión y haciendo la Venia ante el Cristo y yendo para atrás, sin darle la espalda. Es muy emocionante la entrada y salida del Cristo de la Iglesia parroquial. Solo se interrumpe la procesión en dos ocasiones, una para realizar los cambios de oficios, acto vistoso e interesante, en el que los cofrades hacen el traspaso de las insignias arrodillados ante el Cristo. También se da (voltea) la bandera. El otro momento es cuando llega la imagen a la plaza donde se ejecuta la danza de palos titulada La Marcha Real, la misma que se realiza después en la Iglesia, cuando finaliza la Procesión.
La procesión es multitudinaria, abarrotando miles de personas la Iglesia y las calles del recorrido procesional.

Además asisten las autoridades civiles y eclesiásticas y la Banda de Música. El fervor se palpa y respira en el ambiente, se plasma en las lágrimas de los asistentes y se materializa plasmada en los infinitos gritos enfervorizados: ¡Viva el Cristo de la Viga! Toda una manifestación de fe y devoción popular ante la imagen del Cristo de la Viga que fue donada en 1940 por el villacañero y padre franciscano,. Don Ramón Marín López-Prisuelos, que realizó su labor misionera en Filipinas.

Atractivo turístico

El colorido y la espectacularidad de esta fiesta religiosa y popular es tan importante, que ha pasado a convertirse en uno de los principales atractivos turísticos del municipio. Cada año son más los visitantes que –aprovechando el 1 de mayo, festivo nacional, y las buenas comunicaciones por ferrocarril y carretera que ofrece el municipio- se acercan hasta Villacañas para descubrir una fiesta que entronca con tradiciones ancestrales y que se ve renovada cada año por el fervor popular.

Así lo demuestran las miles de personas que se dan cita en el municipio cada 1º de mayo.

Danzantes en Toledo

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